Un colgante de María Antonieta se subasta por 32 mdd

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María Antonieta no fue muy querida por su pueblo ya que terminó decapitada durante la Revolución Francesa. Pero parece ser que todo aquello ya se olvidó y los objetos que sobrevivieron a su muerte, hoy se subastan por cantidades generosas de dólares.

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El último ejemplo, la subasta que Sotheby’s realizó en Ginebra y en la que un conjunto de diez piezas de joyería que pertenecieron a la archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia y de Navarra logró la cifra de 36 millones de dólares.

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La subasta recibió el nombre de ‘Joyas reales de la familia Borbón-Parma’ y era una de las más esperadas ya que tanto curiosos como posibles compradores habían podido admirar la colección real gracias a que ésta fue exhibida en distintas partes del mundo como Londres, Nueva York, Hong Kong, Milán y Munich.

Todo un éxito

En un principio, la casa de subastas esperaba recaudar tres millones de dólares, pero lo que nadie se esperaba es que finalmente y tras cuatro intensas horas de pujas, la cifra final fue de 43 millones de dólares, lo que encumbró a esta subasta y la sitúa en una de las más exitosas hasta la fecha.

Y es que sin duda, las estrellas de la noche fueron las preciadas joyas de María Antonieta. La más aclamada un colgante majestuoso en el que el personaje real es una gigantesca perla natural al que nada le hace sombra. Ni si quiera, el nada sencillo diamante o las piedras preciosas que lo acompañan. Su precio final fue de 32 millones de dólares.

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Otra joya muy aclamada fue el elegantísimo collar de perlas que fue adquirido por un comprador anónimo por 1,7 millones de dólares o un hermoso broche que se vendió por 1,5 millones. Lo cierto es que el valor de que estas joyas sigan existiendo tiene un valor incalculable.

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Cuentan los historiadores que María Antonieta ya conocía su fatal desenlace así que reunió sus joyas más preciadas y las envió a Bruselas en un cofre de madera para que allí las recibiera su hermana. Más tarde, las joyas viajarían a Viena para que fueran resguardadas por el emperador mientras María Antonieta moría guillotinada y sus hijos eran encarcelados.

Sólo sobrevivió su hija María Teresa de Francia y ésta fue finalmente liberada por lo que viajó rápidamente a Viena para encontrarse con su primo el emperador, quien le entregó las joyas de su madre.

María Teresa murió sin descendencia así que las joyas las heredó su sobrina Luisa de Francia, duquesa de Parma y nieta del rey Carlos X. Y de ahí pasaron a su hijo Roberto I, el último duque de Parma antes de que el ducado fuera anexionado al Reino de Italia.

Hoy desconocemos sus nuevos dueños, pero sólo podemos esperar que allá donde vayan, las joyas sigan manteniendo su historia intacta.