Te contamos la historia del hotel más feminista de Nueva York

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El 8 de marzo es un día de homenaje, no de festejo. Por eso, en Robb Report México hemos elegido la figura de Louise Blanchard Bethune para que la tengas en cuenta siempre, pero sobre todo, en tu próximo viaje al estado de Nueva York.

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Louise Blanchard Bethune era arquitecta, de hecho, es conocida como la primera arquitecta en los Estados Unidos. Una profesión en la que aún hoy son más los hombres, pero que a principios de 1900 no se podía creer que una mujer pudiera desempeñar ese trabajo.

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Bethune rompió todas las barreras posibles y abanderó numerosas causas como, por ejemplo, exigir que las mujeres ganasen lo mismo que sus colegas hombres por desempeñar el mismo trabajo.

Una de sus obras más emblemáticas fue el Hotel Lafayette en Bufallo, capital del estado de Nueva York, hoy un must dentro de nuestra agenda si visitamos la tan admirada costa este de Estados Unidos.

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Los retrógradas de la época pusieron el grito en el cielo cuando Bethune se hizo con el proyecto ya que creían de manera estúpida que o se podía usar un vestido y supervisar la construcción de un gran edificio al mismo tiempo. Qué equivocados estaban…

En sus años dorados, el hotel fue considerado uno de los 15 mejores hoteles de todo el país. Esto gracias a un acertado estilo renacentista francés, y a que Bethune había incluido aportaciones tan innovadoras como elevadores o teléfonos en cada una de las habitaciones.

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No fue en balde, la descripción que se le dio “lo mejor que la ciencia, el arte y la experiencia pueden ofrecer para la comodidad del público viajero”. Recuerde querido lector que estamos hablando de una construcción que data de 1904, incluso podríamos decir que la arquitecta fue todavía más adelantada porque hasta 1920 las mujeres no tuvieron derecho a votar.

Pero en esta vida no todo es tiempo de vino y rosas. El hotel dejó de brillar e, incluso, llegó a ser una casa con habitaciones de mala muerte para alquilar que nada tenían que ver con lo que había creado Louise. Por fortuna, en 2010 logró colarse en el Registro Nacional de Lugares Históricos y ahí empezó una segunda vida.

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La vuelta al esplendor

Hoy, la belleza de ese hotel de principios del siglo XX ha sido restaurada y los elevadores parecen haber recuperado ese brillo que imperaba en el lobby y te dan la bienvenida junto a una suerte de murales creados en 1942 al estilo Art Moderne.

En la actualidad este hotel boutique está compuesto por 57 habitaciones acogedoras que no buscan trasladarse al pasado sino que su estilo contemporáneo con toques funky quiere acercarse más al mundo contemporáneo. Aunque, sin lugar a dudas, lo mejor de este hotel es la maravillosa ubicación en la que se encuentra.