La grandiosidad de Veuve Clicquot estuvo en México de la mano de J&G Grill

Anoche atendí a un concierto de Ópera a través de mi paladar. Lo sé, suena raro y me disculpo por ello, pero es que no encuentro otro término para describir lo acontecido. Déjenme explicarme: detrás de cada Maison de Champagne existe una mente genial, un hombre capaz de emitir las notas ácidas y florales en cada uno de las botellas y que al producirlas no lo hace como casualidad sino como quien conoce tan bien la música que le exige una serie de movimientos musicales. Bueno, pues para Maison Veuve Clicquot, ese director de orquesta (o Chef de Cave, como se diría apropiadamente) se llama Dominique Demarville y estuvo en México.

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El espectáculo inició con la presentación de un champagne elaborado exclusivamente para hacer cocteles con él: Veuve Clicquot Rich. Las cortinas se levantaron con un movimiento atrevido, pero acertado. Las notas dulces y astringentes de la piña y la toronja al conjugarse con la efervescencia del espumoso más festivo produjeron un bullicioso #SoClicquot.

Tras ese primer acto, la cena fue un ir y venir de sensaciones y de sabores de la mano del chef Olivier Deboise Méndez, como si sucediera toda una historia en cada uno de los tiempos.

La copa de Veuve Clicquot Carta Amarilla, hija predilecta de la casa Clicquot, fue la pareja en el diálogo enmarcado con el primer platillo: notas de sal y tierra expresadas a través de elementos como ostiones o queso de oveja y con la nota aguda y picante del chile serrano.

Mejor aún fue el siguiente movimiento. El cuvée premium, una mezcla de los mejores vinos de reserva que sólo se puede describir como un corps de ballet, danzó  al atinado ritmo de un ballet ruso representado en un blinis de jaiba y Kampachi pero atenuado con la frescura de la manzana verde y la nota alegre y juvenil del chile piquín.

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Siguió el acto solista de un carpaccio de res con el tenor de un Veuve Clicquot Rosé, anticipando la llegada del acto principal. Y si bien su intención fue buena, nada nos pudo anticipar la grandiosidad del tercer acto en el que las copas de Veuve Clicquot La Grande Dame 2006 o Veuve Clicquot La Grande Dame Rosé 2006 llegaron al escenario como un dueto de contraltos. El acompañamiento logrado por la pesca del día permitió que las voces del ensamblaje logrado por ocho históricos Grand Crus se llevarán las palmas de la noche.

Así, de la mano del genio de Veuve Clicquot, una de las casas de Champagne con mayor tradición en Francia, fue que asistí a un concierto inigualable.

veuveclicquot.com